CARLOS OQUENDO DE AMAT EN EL RECUERDO

 

     Cuando se habla del movimiento vanguardista peruano, al lado de los nombres de César Vallejo, Martín Adán, Xavier Abril, Alberto Hidalgo, Enrique Peña Barrenechea, Serafín del Mar, Magda Portal, Adalberto Varallanos, Alcides Spelucín, Emilio Adolfo Westphalen, César Moro, aflora de manera sobresaliente el de Carlos Oquendo de Amat (Puno, 1905 - Sierra de Navacerrada, 1936). El suyo se halla indefectiblemente asociado a sus 5 metros de poemas, originalísimo libro dentro de la poesía peruana de los años 20. Aparecido en 1928, supuso una radical ruptura -como lo había sido algunos años antes Trilce- con los resabios modernistas.

     Ruptura y apertura. La originalidad de Oquendo se expresa no sólo en la presentación de un libro con hojas plegables (que suman, efectivamente, cinco metros), la disposición gráfica de los poemas -que lo emparenta con la pintura-, los juegos tipográficos, una radical opción por el experimentalismo y la modernidad; sino también por esa conjunción entre cosmopolitismo y ternura y candor provincianos, entre modernidad formal y delicadeza argumentativa, por el deseo de concretar experiencias de lo intangible (“Déjame que bese tu voz”, reza uno de sus claros versos). Libro concebido con un claro propósito cinético -cuadros en movimiento- con “10 minutos de intermedio” y escenas dedicadas tanto a pintar pasajes surreales, cuanto a expresar escenas de afecto y cariño de alguien que se halla necesitado de ellos.

     Tenía que ser un escritor puneño, el que con verdadera pasión y celo investigara la vida y obra de Oquendo. José Luis Ayala Olazábal (Huancané, 1944) ha publicado “Carlos Oquendo de Amat. Cien metros de biografía crítica y poesía de un poeta vanguardista itinerante. De la subversión semántica a la utopía social” (Lima, Ed. Horizonte, enero de 1998, 475 p.), libro verdaderamente monumental por el número de páginas que contiene y la cantidad y valía de los datos que aporta.

     Se trata de un estudio biográfico que, remontándose hasta los ancestros del poeta, recorre cada uno de los 31 años de vida del poeta. Capítulos especiales merece el padre, Carlos Oquendo Álvares, ilustre intelectual y librepensador, graduado en medicina en La Sorbona de París, diputado por Puno y tenaz propugnador del positivismo en el Altiplano. Casó con la Sra. Zoraida de Amat Machicao (descendiente del virrey Amat y Juniet).

     A través de las páginas asistimos al paulatino declive económico de la familia. La muerte del Dr. Oquendo confina a la madre e hijo en la mayor pobreza. Gracias a una beca puede el futuro poeta culminar sus estudios en el Colegio Guadalupe, pero la pérdida de la madre (1923) lo sume en la horfandad. A pesar de matricularse en la facultad de Letras de San Marcos, Oquendo no puede culminar sus estudios. Los numerosos testimonios de sus compañeros lo retratan como un muchacho inteligente, pero retraído, sumido en proyectos quiméricos.

     En 1924 conoce Oquendo a José Carlos Mariátegui, generándose entre los dos una estrecha amistad. Cuando comenzó a publicarse Amauta, Oquendo colabora cercanamente con él. Y es precisante Minerva (editorial que publicaba Amauta) quien imprime el libro vanguardista.

     Ganado por las ideas socialistas de Mariátegui, Oquendo sufre prisión en 1932 en la isla del Frontón, durante la dictadura de Sánchez Cerro. Parece que fue aquí donde contrajo el terrible mal que lo llevaría a la tumba. Viaja posteriormente al sur, dirigiéndose a Bolivia, donde también fue preso y torturado por sus ideas políticas. A fines de 1934 es nuevamente tomado preso en Arequipa y, finalmente, deportado a Panamá en pésimo estado de salud. Después de recorrer Centroamérica y Méjico, arriba a París  para, al poco tiempo, dirigirse a España.

     Llegó sólo para morir. Gracias a las gestiones de Raúl Porras Barrenechea, puede ser internado en una clínica en las sierras de Guadarrama, muy cerca de Madrid. Finalmente, fallece el 6 de marzo de 1936. Pocos meses después, los proyectiles de la conflagración fraticida española borrarían toda señal de su tumba.

     Libro testimonial, conmovedor a veces, de lectura necesaria para los interesados en conocer no sólo la suerte de un original y genuino poeta, sino las condiciones sociales y políticas del Perú en las tres primeras décadas de este siglo.