JOSÉ ADOLPH: EL DESCENSO A SÍ MISMO

 

José B. Adolph: Diario del sótano. Peisa, septiembre de 1996, 158 pp.

 

     Ampliamente conocido en el quehacer literario local, José Adolph (Stuttgart, 1933) lleva publicados varios volúmenes de cuentos entre los que destacan El retorno de Aladino (1969), Hasta que la muerte (1971), Invisible para las fieras (1972), Cuentos del relojero abominable (1973), Mañana fuimos felices (1974), La batalla del café (1984) y Un dulce horror (1989). Entre sus novelas figuran La ronda de los generales (1973), Mañana, las ratas (1984) y Dora (1989).

     Diario de un sótano es libro de quince relatos de diversa extensión y factura en los que el autor hace gala del dominio de distintas técnicas y estilos pertenecientes al relato corto. En ellos se desarrollan argumentos de muy variada índole donde el leit motiv oscila entre la caracterización del amor y la presencia persistente del sentimiento de culpabilidad, dolor y muerte, además de otros temas secundarios como la reflexión metaliteraria, la búsqueda de sí mismo, la situación social y política nacional, la reconstrucción del pasado, el relato fantástico, el conocimiento del futuro, entre otros.

     Una frase del novelista norteamericano Henry Miller, “No hay más que una sola gran aventura: el descenso a uno mismo” -y que figura como epígrafe de uno de los cuentos- ilustra un aspecto de su poética: la introspección. El narrador (o narrador-personaje) se detiene con cierta frecuencia a meditar sobre el sentido de sus propias acciones o enunciados. Así, los relatos se inscriben dentro de una línea psicologista o interiorista que les confiere un desarrollo más bien demorado y analítico: “Además, dice el escritor (le encantan los ademases, cosa típica en los indecisos, para los que una idea nunca está terminada), ¿acaso esas dos mujeres son mis únicos fantasmas? Si aquí uno vive inmerso en fantasmas, dice: fantasmas políticos, fantasmas literarios, fantasmas femeninos, somos puro fantasma en este país (...)” (p. 18).

     El distanciamiento (brechtiano) entre lo enunciado y el enunciador tiene otro efecto en la economía narrativa: la presencia de una constante ironía, y que no constituye más que un guiño cómplice al lector: “la fama de fantasioso (imaginativo, decía el crítico de El Comercio) se la ganó sencillamente dejando que tras la ilusión de lo verdadero se trasluciera la verdad de lo ilusorio, si entienden lo que quiero decir; en otras palabras, para adquirir fama de delirante basta con escribir la verdad.”

     No faltan algunos relatos esperpénticos como “Naturaleza muerta con vergüenza” o “Muertos”, cuento éste que evoca el capítulo de los asesinatos en Cien años de soledad que no ocurrieron por disposición superior. O el relato que da título al libro y que ofrece la visión apocalíptica de un hombre, una familia, un pueblo, y donde la única esperanza consiste en sobrevivir en medio de la desgracia y la muerte.

     No hay duda que Adolph se encuentra en plena madurez creativa. En sus relatos asoma el hurgador, el inquisidor, el hábil hilvanador de historias de ácido humor. Más que los temas de la felicidad o la alegría pura le interesa el lado oscuro de la vida. “Diario del sótano” es libro de interrogantes, más que de respuestas; de preguntas, más que de hallazgos; puerta siempre abierta hacia la búsqueda de sí mismo.