LA CONCIENCIA DEL ESCRITOR

Alonso Cueto y Deseo de noche

 

     No hay duda que la memoria es uno de los vértices sobre los que Alonso Cueto apoya la construcción de sus relatos. Deseo de noche (2da. ed., Apoyo, junio 1997, 99 pp.) no es la excepción. Se puede contar hasta diez el verbo “recordar” en la primera escena del primer capítulo. Y es que para Julián Arnáez, que es ahora un respetable padre de familia y esposo fiel, su tranquilidad y calma actuales contrastan con la oscura, pasional y hasta enfermiza relación sostenida con Laura, femme fatal de esta desconcertante historia.

     La línea argumental se anuncia como el inequívoco relato de misterio y muerte. Se lee en la contracarátula: “Una noche un hombre se sienta en un café de miraflores y ve entrar a una mujer. Como el local está lleno, ella le pide permiso para sentarse con él. En los primeros segundos de su encuentro, la mujer le hace una revelación y una propuesta inesperada. A partir de entonces, la vida de ambos va a cambiar para siempre”. Los conductos que conducen la historia ya están servidos. La relación entre Julián y Laura no estará asentada únicamente en un inevitable erotismo primario, sino por una oscura muerte en la que directa o indirectamente ambos se han visto involucrados.

     Una fuerte dosis de subconciencia aflora en las acciones de los protagonistas y los conduce hacia un  conflicto que tratan de evitar. Como en otros relatos de Cueto, los personajes no son lo que pretenden ser. En este sentido, Laura es el personaje más extraño e intrigante que envuelve a Julián en una compleja y tupida red de situaciones al punto de no poder dilucidar qué es lo real y qué lo falso, quién dice la verdad y quién miente.

     Porque Deseo de noche no es más que una metáfora del ingreso en lo nebuloso de la conciencia, en aquella zona donde lo real va, poco a poco, diluyéndose y que, por otro nombre, se llama también, deseo, erotismo y muerte. Al dejar que aflore libremente el deseo, los personajes no hacen más que hundirse en su propia soledad y autodestrucción.

     Esto es mucho más evidente en el caso de Laura que en Julián. El profesor de literatura cree en su amante; encubre un homicidio y comete otro por ella para, finalmente, encontrase con nada entre las manos. Por eso desencanto y desilusión es el correlato lógico de estos  amores.

     Construida a través de las oposiciones normalidad/patología; conciencia/inconciencia; anhelo /deseo trunco, la novela de Alonso Cueto resalta por el tono sostenido con el que está escrito. Logra envolver al lector a través de una prosa rica en diálogos y estados anímicos, quien de modo paulatino, imperceptiblemente, se ve incorporado en la trama, partícipe como el espectador que sentado en su butaca observa, sin pestañear, el desarrollo del film o drama que, a fin de cuentas, no es más que una imagen de sí mismo. Porque las grandes ficciones -y esta es una de ellas- nos vuelcan con mayor decisión y firmeza en la comprensión del mundo de lo cotidiano.

      No es Alonso Cueto un desconocido en la narrativa peruana actual. Sus libros de cuentos La batalla del pasado, Los vestidos de una dama, Amores de invierno, y las novelas El tigre blanco y El vuelo de la ceniza, lo han constituido en uno de los narradores más destacados del panorama de nuestras letras. Ya es tiempo de ver sus obras bajo el sello de un importante grupo editorial internacional.