LOS CUENTOS DE PILAR DUGUI

 

     Bajo el sello editorial PEISA acaba de salir a circulación “Ave de la noche”, relatos de Pilar Dugui (Lima, 1956). En 1989 hizo público su primer libro, La premeditación y el azar, y, con anterioridad, en 1987 y 1988, ganó una mención honrosa en un concurso organizado por una conocida revista local.

     Lo primero que llama la atención en los cuentos es el carácter meticuloso de la descripción. Los relatos se desarrollan de manera analítica donde cada una de las acciones de los personajes están calibradas con extremado rigor; característica que nos recuerda que la actividad profesional de la autora es la psiquiatría.

     Por eso se entiende que varios de sus personajes ejerzan alguna actividad vinculada con la observación de la conducta (obviamente un analista, pero también una jueza, un sacerdote), otros presentan algún tipo de patología y poseen una aguda conciencia de sus pensamientos y actos.

     Hay en estos cuentos una tendencia a los finales desencantados. Es el caso de la esposa que descubre la infidelidad de su marido (“Conciliación”); de la vendedora que ha viajado a Miami para conocer a un pretendiente y éste no se hace presente (“Dime sí”); del sacerdote anciano que ve imposible encontrar la paz por un pecado de juventud (“Naranjos y limoneros”); son también los casos de la madre del suicida (“Apúrense, por favor”), de la novia del oficial FAP que ha regresado de la zona de emergencia (“Tomando sol en el club”) y del relato que da título a la colección y que no es más que el monólogo de un asesino psicópata. Tan sólo en el último relato, “Cazador”, éste y su presa mudan sus roles y hay un atisbo de esperanza por la nueva situación vivida.

     Al igual que muchos personajes de Borges, los de Dugui no son lo que aparentan ser. De allí que uno de los rasgos más saltantes de la estructura argumental consista en la relación conjunción/disjunción (o viceversa) de los protagonistas y donde el valor funcional de uno depende del otro.

     Que Dugui está en la búsqueda de un lenguaje propio lo prueba el hecho de que cada cuento desarrolla -grosso modo- una técnica de composición distinta. Su gran versatilidad puede entenderse como el dominio de distintos procedimientos de composición (el manejo que hace del diálogo, por ejemplo, es magnífico, lo mismo que la introspección de personajes); pero, al mismo tiempo, sugiere la ausencia de un estilo propio. Por eso se oye a veces el eco de otros autores: “Futuro prometido” es una reescritura de Interior L de Ribeyro y el desenlace de “Naranjas y limoneros” reproduce el esquema rítmico y tensivo de las líneas finales de Las ruinas circulares de Borges. Por eso, también, los textos que más se resienten son los que desarrollan temas vinculados a personajes históricos o parábolas de tema fantástico.

     Pero, apreciaciones puntuales aparte, el lector se siente subyugado por la trama y tensión de los relatos. “Ave de la noche” es libro escrito con cuidado y pulcritud y que invita a la relectura.