L. F. JARA: LA POÉTICA DEL SILENCIO
Luis Fernando Jara. Con una mano en la garganta. Arte/Reda, nov. 1996, 60 p. s/n.
De L. F. Jara (Trujillo, 1969) conocíamos un primer libro de poemas. “Eroscopio” (1990) era, ante todo, un himno al erotismo, un hermoso diálogo entre el Deseo y la Forma, entrega inicial que vislumbraba al nuevo creador en ciernes.
Su segundo libro, “Con una mano mano en la garganta”, denota un salto cualitativo. Jara se ha despojado de algunos artificios barrocos que impregnaban sus primeros textos para quedarse con lo esencial: la palabra en su más prístina y pura forma.
La palabra no designa sólo al objeto del deseo, sino a la propia palabra. Esta identificación entre Eros y Poiesis tiene larga data en la tradición poética castellana: “La voz a ti debida” de Pedro Salinas, “La realidad y el deseo” de Luis Cernuda y, en nuestros predios, “La rosa de la espinela” y “Travesía de extramares” de Martín Adán.
“Con una mano en la garganta”, grafica muy bien ese intento por acallar la voz o dejarla pasar por el filtro de lo decible. Emilio Adolfo Westphalen llamará al poema pecios de una actividad incruenta o porciones de sueño que mitigan avernos, aunque las más de las veces abogue por el silencio: “Y me he callado como si las palabras no me fueran a llenar la vida / Y ya no me quedara más que ofrecerte”. La preocupación por la palabra es constante en todos los creadores. Así Vallejo: “¡ Y si después de tantas palabras / no sobrevive la palabra!”. Y Martín Adán, en memorables versos: “Poesía no dice nada: / Poesía se está callada, / Escuchando su propia voz.”
Luis Fernando Jara también dice su voz, y en ese enfrentamiento o entrega a la página virgen ofrece una cópula de palabras: ”Contemplo la página en blanco: / vacío inquietante / espacio privilegiado / Escribo, corrijo, suprimo, cambio una por otra / y poco a poco construyo mi casa de palabras.”
Y es que las letras son algo más que meros signos gráficos; entidades vivas que portan emociones y vivencias: “He leído el poema que quise escribir / lo he cantado muchas veces / lo he soñado / Sus palabras son las mías / pero no su vida / No, no es el poema que quise escribir / es el poema que quise ser”.
Luis Fernando Jara se ubica en la tradición que partiendo de los románticos se remonta a Adán, Westphalen, Sologuren, Eielson. Ha dejado de lado los experimentalismos de los poetas de los setenta y ochenta para buscar en el lenguaje, en el poema, la única esencia de su búsqueda vital. Claro que el camino y la búsqueda son arduos, llenos muchas veces de dolor y desesperanza en los que a veces descree del poder de la palabra. Pero, como bien dice Sologuren, “En términos estrictos: toda subversión contra la palabra implica la vigencia del poder de la palabra. Únicamente el silencio marca la plena eficaca de tal subversión”.
“Con una mano en la garganta” -que bien puede vincularse con la “espada clavada en la lengua” de Westphalen- se debate en ese punto limítrofe entre la palabra y el silencio, entre el decir y el callar, pero también, y eso es lo inquietante, entre la vida y la muerte.
Un magnífico libro y una hermosa edición.