PSICOANÁLISIS Y LITERATURA

 

     El maridaje entre psicoanálisis y literatura tiene larga data. Ya en 1907 en un ensayo sobre “Arte, literatura y lenguaje” anotaba Freud: “Probablemente nosotros (los psicoanalistas) y él (el poeta) sacamos agua de las mismas fuentes, trabajamos sobre el mismo objeto, cada uno con un método distinto, y la coincidencia en los resultados parece garantizarnos que cada uno hemos trabajado de manera correcta”. No hay que olvidar que varios conceptos del psicoanálisis como sadismo, masoquismo, complejo de Edipo o Electra, narcisismo, han sido tomados de la literatura.

     Muchos creadores, como Baudelaire, han gustado cultivar sus neurosis, pues allí se encuentra muchas veces el germen de la individualidad (originalidad). Buena parte de los artistas del presente siglo han incidido en el culto de la irracionalidad, y es muy difícil, por no decir imposible, establecer la frontera entre el arte producto de la `normalidad’ y el patológico. André Breton, en una clásica cita, definía el surrealismo como  “El dictado del subconsciente sin la intervención mediadora de la razón, ajeno a toda preocupación estética o moral”, y mostraba un interés especial por la producción de los alienados, la mentalidad mágica de los pueblos primitivos, la actividad onírica, el azar, la escritura automática, entre otras formas de expresión no racional.

     El caso de Laura Benetti, psicóloga argentina afincada en nuestro medio, es muy peculiar. Su libro “Secreto profesional” (Campodónico, abril de 1997, 117 pp.) es un conjunto de dieciséis textos caracterizados por una extraña simbiosis entre el relato y el análisis psicoanalítico. “Secreto profesional” representa la exposición de los casos clínicos de dieciséis pacientes, escritos en una prosa rica de léxico, pero en cuyo desarrollo abundan las sinuosidades y digresiones de carácter académico.

     Uno de los aspectos resaltantes en los textos es el referido a la interpretación de los sueños. Como es bien sabido, Freud subraya que representan la satisfacción de un deseo, a la vez que su funcionamiento proporciona datos sobre el inconsciente. Para encontrar el sentido que se esconde tras los poemas de un paciente, Benetti propone “... destruir frases, erosionar delirios, descomponer el orden imperante en el lenguaje. Tocar tierra, materia prima de sentido, y revolcarnos en el nuevo orden. Advenir a un sentido construido en conjunto. La contraseña para concebir la estrategia podría expresarse ahora en una metáfora: tratar de caminar como los funámbulos hacendo piruetas sobre la cuerda de la escritura poética”.

     Si el discurso del paciente se compone de asociaciones libres (lo que podría homologarse -grosso modo- con la creación literaria), la interpretación por parte del analista puede ser homologada, a su vez, con la interpretación del crítico de la obra literaria. La diferencia radicaría en el hecho que la lectura psicoanalítica busca “verdades”, mientras la literaria, sólo “valideces”.

     Lacan, por su parte, también se ha valido de textos literarios para dar a conocer sus teorías. Para él el inconsciente se halla a la vista (mientras el sujeto no lo ve), puesto de relieve por la misma mentira que quiere ocultarlo. No existe un lenguaje detrás del lenguaje, no existe un contenido latente detrás de un contenido manifiesto.

     Situados en la frontera entre el relato y la exposición de casos clínicos, los textos de Laura Benetti representan un buen acercamiento al mundo de lo inconsciente e irracional.