A TRAVÉS DE UNA COMPLETA SOLEDAD

 

     Antes de la creación el poeta se siente solo. Dios y su infinita soledad. En su vertiginoso silencio maquina algo. Ya llevado por la furia cual coribante u orfebre en la fragua, moldea la piedra.  ¿No era el poeta quien pedía: Creadores de imágenes: dad la palabra a los hombres? El creador como partícipe de la naturaleza divina. El poeta chileno Huidobro lo sabía muy bien, y llamó al movimiento por él animado Creacionismo. Y Rimbaud habló de la Alquimia del verbo. Por su parte, Rubén Darío acotaba: “Y, la primera ley, creador, crear. Cuando una musa te dé un hijo, queden las otras ocho encinta”.

     “Génesis Continuo” de Ricardo González Vigil (Jaime Campodónico, nov. 97, 47 p.) forma parte de aquella larga tradición que emparenta al poeta con el demiurgo, mago, dios que hace el mundo del caos, que formula al ser de la nada. Es un libro creador y creativo, de plenas raíces religiosas y místicas.

     “El poeta hace suyo el perpetuo fiat lux de Dios”. Este verso final del primer poema (“Nuevo creacionismo, en directa alusión al “Arte poética” de Huidobro), encarna el constante deseo -pleno, abarcador, vivificador- de unidad del hombre con el universo.

     La imagen del árbol como unidad de vida, como elemento de vinculación entre la tierra y lo etéreo, al inicio del libro, es sintomática al respecto: “Que el árbol sea siempre un himno galáctico, proliferante, ubicuo, abierto /a todas las puertas del futuro”.

     ¿El poeta como el Dios creador del Génesis? Así lo sugiere el siguiente poema que se anuncia como “Día segundo”. Dios crea el firmamento, “inaugurando el transcurrir del tiempo”, y la “ubicación en el espacio”. El hombre ingresa en la historia. Las aguas del bautismo lo convierten en un nuevo ser, a imagen del creador, dispuesto a llevar a cabo el plan de Dios.

     Pero es el tercer poema, “Génesis cotidiano”, posiblemente el más hermoso de toda la serie. Poema dedicado al acto del ser y la identidad en el todo. El hombre adormilado o dormido está fuera de sí, es un ser “sin señas precisas de identidad” (habría que ver las raíces luisianas de este poema). Al despertar, vuelve a ser, a reconocerse como semejante a sí mismo y distinto a lo demás.  El poeta entra entonces en contacto con el mundo: “Convocado por el verdor asomo al jardín /para que el sol me habite, los animales /de la casa me circunden y el ser entero /emerja a plenitud.” No ha nacido el hombre para estar solo: Hombre y mujer los creó, dice el libro de los orígenes. Por eso surje la compañera del poeta como complemento, unión de sangre y vida: “Por fin estoy completo: /recreado por el amor, para el amor,/ todos los días.”

     El acto de la creación también se manifiesta, obviamente, en el acto de gestación del poema: “Al este de la página en blanco”. El oriente: punto de origen de todas las cosas. El poeta hace suya la pregunta de todo creador disconforme con su creación: ¿Para qué cubrir con letras la página en blanco?, ¿para qué mancharla, seducido por ese árbol de la ciencia, con el que pecaron los primeros padres?  “La respuesta no es otra que el poema mismo”, se responde el poeta. Y tiene toda la razón: “Quizá logre ser el nuevo árbol / en que el lenguaje se redime. // Quizá lo habite la gracia  /de la comunicación plena (...)”.

     Libro de un número no excesivo de páginas, “Génesis continuo” es un libro denso, de amplia y variada simbología, de meditación, trascendencia y silencio.