HISTORIAS DE JÓVENES

 

     Las historias de adolescentes han ocupado a menudo el centro de atención de los creadores. En nuestro medio, además de otras muchas obras, podemos nombrar a “La ciudad y los perros” de Vargas Llosa y “Los ríos profundos” de J. M. Arguedas. El último libro de relatos de Alonso Cueto, “Cinco para las nueve y otros cuentos” (Alfaguara, nov. 96, 143 pp.) gira alrededor de las experiencias de jóvenes, muchachos y muchachas, de sus dilemas y preocupaciones personales. Es un libro de actualidad, en el sentido de que retrata vivencias de los jóvenes de hoy, con un énfasis especial en experiencias estudiantiles.

     En los últimos tiempos algunos creadores en su deseo de novedad (y posiblemente notoriedad) han relevado el empleo de temas de carácter escabroso y sanguinario; no es éste el caso de Cueto. No es que en sus cuentos no existan temas de muerte o agresión física, sino que no hay un regodeo o interés particular por destacar estas circunstancias. Por el contrario, puede percibirse una cierta naturalidad y simplicidad tanto en los contenidos, cuanto en los recursos narrativos.

     Los jóvenes de las historias de Cueto no son como los de “La ciudad y los perros” o del internado de Abancay en “Los ríos profundos”, en quienes la violencia es algo congénito (tal vez porque constituyen un grupo humano de distinta estracción social). Acá los protagonistas establecen relaciones duales (una pareja) o familiares; además, pertenecen a instituciones escolares o universitarias de clase media alta. Lo mismo habría que decir de los modelos masculinos o femeninos que acusan la presencia de una cierta capacidad económica.

     De Balzac se dijo que era el secretario de la sociedad de su tiempo. El realismo (o neo-realismo) tiene la virtud, por su mayor capacidad de mímesis, de retratar una sociedad o ambiente con una cierta dosis de verosimilitud. Por esta razón, muchas veces independientemente de la voluntad del creador, el texto puede entenderse también como una suerte de crítica social. Los cuentos de Cueto retratan, de manera indirecta o directa, algunos de nuestros vicios y defectos: la infiltración de elementos delincuenciales en la Policía, pero también la honestidad (“La acusación”), la brecha que se abre entre ricos y pobres (“La segunda visita”), los prejuicios sociales por el apellido o color de la piel (“Cuatro muchachos”), etc. Pero las más de las veces predominan actitudes generosas como en “Julio y su papá”, “La mañana del profesor Rosales”; “Johnny y yo” (tal vez el mejor cuento de toda la serie).

     A diferencia de La batalla del pasado donde un hecho de otra época irrumpía en la vida de los personajes, en “Cinco para las nueve” las historias relatadas en tiempo presente se proyectan hacia el futuro. Por eso algunos cuentos se estructuran en dos partes, como en “Johny y yo” y “La segunda visita”, aunque también podría ser aplicado a “La profesora”. Habría que señalar, finalmente, que los relatos son historias abiertas; fragmentos o cuadros extraídos del torrente de la vida y que concluyen con una ventana abierta a otras posibles aventuras, anécdotas o hechos.

     Relatos de escolares, adolecentes y jóvenes universitarios, “Cinco para las nueve y otros cuentos” ofrece experiencias de una etapa de la vida: la de la búsqueda, de los proyectos. En el camino hacia la definición de su personalidad y profesión los jóvenes comienzan a descubrir el mundo, a conocerlo, a andarlo y desandarlo, en un camino que presenta siempre abierto y con el horizonte a la distancia.