CÉSAR MORO: VERSIONES DEL SURREALISMO
Nacido en Lima en 1903, César Moro viajó a Francia en 1925, uniéndose posteriormente al grupo de Breton, Eluard, Crevel, Artaud. Anota Coyné que, para Moro, el surrealismo vino a constituir “el más allá de sus propios días, la sede del desenfreno espiritual para el que estaba preparado de antemano”. Retorna al Perú en diciembre de 1933 y organiza junto a Westphalen, en junio de 1935, lo que ha venido en llamarse Primera exposición surrealista en América Latina, donde la casi totalidad de las obras expuestas eran suyas. En marzo de 1938 vuelve a salir del Perú, esta vez con destino a México. Allí escribe La tortuga ecuestre (1938-1939), organiza en 1940 junto a Breton y Paalen la Exposición internacional del surrealismo para la que escribe las palabras de presentación del Catálogo, y publica Le château de grisou y Lettre d’amour. En 1948 regresó a Lima alcanzando a publicar la plaqueta Trafalgar Square (1953). Muere en enero de 1956.
Gracias al fervor de André Coyné se publicaron La tortuga ecuestre (1957), Amour a mort y Los anteojos de azufre (1958). En 1980, en edición auspiciada por el INC, se hizo pública la “Obra poética” que reunía -además de los libros mencionados- Pierre des soleis y Derniers poèmes. Posteriormente se han ido editando conjuntos de textos como Ces poèmes (1987), L’ombre du paradisier et autres textes (1987) y poemas no recogidos en libro. Hoy, más que nunca, hace falta una edición que reúna toda la obra poética.
La vida y obra de Moro se presentan como insulares en el panorama de la historia literaria de nuestra patria. Moro se sintió siempre un exiliado, ajeno a los suyos y a la ciudad que le había visto nacer (Sebastián Salazar Bondy haría famosa su “Lima, la horrible”); pero sería un error considerar a Francia o México como la patria espiritual. Ésta se asoma como un espacio solitario y desconocido al que hay que conquistar: “Muriendo de pie/ Es seguro que ganaremos/ Aquel paraje de hierbas locas/ Donde empieza la soledad”.
Otro hecho singular reside en su opción por la lengua francesa. Sólo el amor logró que Moro asumiera momentáneamente el castellano para escribir los versos fulgurantes de La tortuga ecuestre. Existe un conjunto de poemas no reunidos en libro también en castellano, pero la mayor parte de la obra poética se encuentra en la lengua del surrealismo.
Aunque no tenemos conocimiento que Moro tradujera poemas de autores peruanos o latinoamericanos al francés, tuvo un interés especial en difundir los textos de sus amigos surrealistas entre el público hispanohablante. A lo largo de su vida, pero más específicamente en su período mexicano, publicó estas traducciones en revistas mexicanas o limeñas como: El hijo pródigo, Letras de México, Poesía, Estaciones y Las Moradas.
Hoy día, gracias a la acuciosidad de Ricardo Silva-Santisteban y al auspicio del Rectorado de la PUC, estas traslaciones han sido reunidas bajo el genérico título de “La poesía surrealista” (PUC, abril de 1997, 91 pp). Entre estos textos figuran una Pequeña antología con poemas de Giorgio de Chirico y Pierre Reverdy; poemas de André Breton, Gui Rosey, Georges Hugnet, Alice Rahon Paalen, Gisèle Prassinos, Benjamin Péret, Paul Eluard, Hans Arp, Salvador Dalí y Marcel Duchamp. También se incluyen dos poemas de André Coyné y una traducción inédita de Moro: “Van Gogh, o el suicidado de la sociedad” de Antonin Artaud.
Una recopilación útil para los interesados en el tema del surrealismo, Moro y la poesía francesa.