INTRODUCCIÓN

 

Publicados en 1933 y 1935, respectivamente, Las ínsulas extrañas y Abolición de la muerte supusieron para Emilio Adolfo Westphalen (Lima, 1911) su inmediata inserción en el panteón de nuestras glorias poéticas. Por espacio de 45 y 47 años estas pequeñas plaquetas de muy breve tiraje y contenido -150 ejemplares, 9 poemas cada una- se vieron multiplicadas gracias a la transcripción manual o a las fotocopias que los adeptos a esta poesía secreta hicieron en una y otra orilla de océano. En 1980 Westphalen accedió a reunir sus dos inhallables obras en una edición auspiciada por el Fondo de Cultura Económica de México, a la que tituló, en actitud de perenne insatisfacción, Otra imagen deleznable..., incluyendo un tercer libro que reunía poemas dispersos publicados en revistas y catálogos entre 1930 y 1978, bajo el emblemático título de Belleza de una espada clavada en la lengua.

A partir de los años ochenta, por razones que son materia de especulación de la crítica[1], tenemos un "nuevo" Westphalen que ha enriquecido nuestra tradición poética con libros de juvenil frescura y honda sabiduría: Arriba bajo el cielo (Lisboa, 1982); Máximas y mínimas de sapiencia pedestre (Lisboa, 1982); Amago de poema - de lampo - de nada (publicado originalmente bajo el título Nueva serie de escritos. Lisboa, 1984); Porciones de sueño para mitigar avernos (Incluido en Belleza de una espada en la lengua (Poemas 1930-1986). Lima, 1986); Ha vuelto la Diosa Ambarina (Tijuana, México, 1988).

Además de la primera recopilación de su obra poética efectuada por el FCE de México en 1980, contamos con la que en Lima hizo Ed. Rikchay Perú en 1986 bajo el título Belleza de una espada clavada en la lengua (Poemas 1930-1986). La última recopilación es la efectuada en 1991 por Alianza Tres en Madrid: Bajo zarpas de la quimera (Poemas 1930-1988) con presentación de José Ángel Valente y una "Advertencia del autor" que incluye todos los libros anteriormente nombrados. Con posterioridad a la edición española del 91 la revista Gradiva de Bogotá y la editorial barcelonesa Auqui han dado a la luz en 1992 y 1994, respectivamente, la última (¿o penúltima?) entrega del poeta bajo el título Falsos rituales y otras patrañas.

            Hay que decir también que, con anterioridad y contemporáneamente a su primer libro, Westphalen había publicado un conjunto de poemas en revistas del medio limeño y del extranjero que no han sido recogidos en ninguno de los libros posteriores[2]. Respecto de estos textos dice el propio autor: "Aunque los primeros intentos no los considero sino mediocres y poco peculiares, la acogida fue inmediata y cordial.(...) Esos poemas dispersos nunca han sido coleccionados y tampoco lo merecían..."[3]  

"Mundo mágico" -publicado originalmente en inglés en la revista Front de La Haya, Holanda, en diciembre de 1930 y que da inicio a la obra poética reconocida-, el resto de poemas publicados en el Catálogo de la exposición surrealista del 35 ("César Moro", "Vuelven las hormigas...", "El grito...", "La voz es una corza...", "Ciudad escondida...", "Irreconciliablemente...", "El amor ha cambiado...") y "La leche vinagre..." -publicado inicialmente bajo el nombre "Poema" en la revista El uso de la palabra, en diciembre de 1939-, fueron reunidos en Otra imagen deleznable..., como hemos ya dicho, bajo el título Belleza de una espada clavada en la lengua, junto con otros poemas sueltos publicados en catálogos o revistas entre 1972 y 1978: "Preámbulo a Revilla", "Nerval y el amor", "Libre", "Términos de comparación", "El mar en la ciudad" y "Poema inútil"; "Riqueza" y "Epílogo" son primeras publicaciones.

En marzo de 1989, para sorpresa del mundo cultural hispánico, apareció en Barcelona Cuál es la risa (Ed. Auqui), conjunto de nueve poemas y textos de Emilio Adolfo Westphalen escritos entre 1935 y 1938, perdidos y reencontrados por André Coyné después de 40 años. Estos parecen ser los poemas "eróticos" y "sociales" a los que el poeta aludió en su conferencia del 5 de marzo de 1974 en la sede del Instituto Nacional de Cultura de Lima[4]. En conversación privada Westphalen se ha mostrado disconforme con esta edición que no ha contado con su aprobación.

Aunque es posible que existan todavía poemas sueltos publicados en revistas de corto tiraje del medio o del extranjero y no recogidos en ningún libro[5], esta es hasta el momento, la totalidad de la producción poética conocida de nuestro autor.

El presente trabajo está centrado exclusivamente en los dos famosos libros de los años treinta, Las ínsulas extrañas y Abolición de la muerte, que suman un total de 18 poemas. 

 

 LA VANGUARDIA[6]

 

Las ínsulas extrañas y Abolición de la muerte se inscriben dentro de la tradición poética de Occidente que en los años veinte y treinta recibió el nombre genérico de Vanguardia o Vanguardismo. Futurismo, Expresionismo, Creacionismo, Dadaísmo, Surrealismo, entre otros, constituyen expresiones del espíritu de inconformidad con las poéticas vigentes cuyas manifestaciones más características a fines del S. XIX e inicios del XX eran el Simbolismo en Francia y el Modernismo en el mundo hispánico.

Detrás de los planteamientos vanguardistas -en mayor o menor medida- puede observarse un deseo de agredir la sensibilidad del hombre burgués de principios de siglo. Uno de los movimientos de mayor fecundidad en la historia de la cultura occidental, el Surrealismo, centró su ataque en tres campos: Contra los convencionalismos acerca de la belleza; contra la moral burguesa, contra toda coacción al espíritu; contra el pensamiento racionalista. Cuatro palabras resonaron con insistencia: sueño, locura, imaginación e intuición.

La Vanguardia relevó el uso de las palabras experimentación, innovación, búsqueda. Experimentación tanto con los contenidos, cuanto con los aspectos formales. El lenguaje poético que había comenzado a interiorizarse con los románticos se acentúa con los parnasianos y simbolistas, llegando con los vanguardistas a la subjetivización extrema. Aunque no pueden ser aplicadas a todas las poéticas, algunas características del lenguaje de la Vanguardia son: desaparición del YO como entidad organizadora del discurso poético y aparición de la "fragmentación" del mismo, individualidad del verso en el conjunto de la estructura poética, relevancia de la imagen, búsqueda de la multiplicación de los sentidos a través del uso de varios niveles de subordinación de los enunciados, alteración de las leyes gramaticales, falta de conclusión de los enunciados, denso simbolismo, desuso de signos de puntuación, ausencia de historia o anécdota, entre otras.                

En el Perú es necesario señalar el papel de precursor de la poesía vanguardista que le cupo realizar a José María Eguren a través de sus dos importantes libros:  Simbólicas (1911) y La canción de las figuras (1916). En opinión de Westphalen hay que destacar el papel de fundador de la poesía peruana del siglo XX que le corresponde a Eguren[7]. 

Sin considerar a Alberto Guillén, Alberto Hidalgo, Juan Parra del Riego, Xavier Abril y otros poetas, cuya obra constituye, en gran medida, un signo de los tiempos, señalamos a los siguientes autores y obras como hitos del vanguardismo peruano:

 

- César Vallejo: Trilce (1922).

- Carlos Oquendo de Amat: 5 metros de poemas (1927).

- Martín Adán: La casa de cartón (1928).

- Enrique Peña Barrenechea: Cinema de los sentidos puros           (1931)

- Emilio Adolfo Westphalen: Las ínsulas extrañas (1933) y Abolición de la muerte (1935)

- César Moro: La tortuga ecuestre (1938/39 -años de escritura- publicado post-mortem en 1957).

 

En el Perú de los años 20 uno de los principales difusores y propugnadores de los movimientos de vanguardia fue José Carlos Mariátegui, principalmente a través de la revista Amauta (1926-1930) donde se dio cabida a todas las manifestaciones artísticas de la cultura occidental. Allí publicaron Martín Adán, Xavier Abril, Carlos Oquendo de Amat, César Moro, Emilio Adolfo Westphalen, entre otros. Pero, para Mariátegui, fiel a su credo socialista, Vanguardismo en el Perú significaba prioritariamente indigenismo[8].

 

EL PERÍODO SURREALISTA EN LA POESÍA DE WESTPHALEN

 

Las ínsulas extrañas y Abolición de la muerte se inscriben dentro del espíritu de la época; corresponden a la "nueva sensibilidad" vigente en la tradición poética de los años 20 y 30 y por ello merecen el calificativo genérico de vanguardistas. Pero los poemas publicados en el Catálogo de la exposición surrealista de mayo del 35, los poemas eróticos y sociales incluidos en Cuál es la risa y "La leche vinagre..." son los que merecen, en nuestro concepto, el calificativo de surrealistas. Estos textos ofrecen una escritura más acorde con la poética del Movimiento: exposición de un erotismo explícito; búsqueda de la desaparición de las dicotomías sueño/vigilia, racionalidad/irracionalidad, objetividad/subjetividad; reivindicación de los fueros del sueño y la sexualidad; ataque a algunas instituciones sociales como familia, patria, escuela, religión, entre otras. El encuentro e inicio de la amistad con César Moro a fines de 1934 (cuando ya se encontraba lista para la imprenta Abolición de la muerte) significó para Westphalen un cambio de dirección en su poética.

Nosotros evitamos hablar de EAW como un representante conspicuo del surrealismo por la razón antes aludida: Sólo una parte de su obra poética (tal vez la que menos resonancia ha tenido entre críticos y lectores[9]) puede ser denominada surrealista. En opinión de Westphalen el único que merece tal calificativo es César Moro, "si se entiende por surrealismo la conjugación de vida y obra"[10].

En un magnífico artículo dedicado al tema[11], Daniel Lefort afirma que la actividad surrealista de Westphalen se sitúa entre los años 1934 y 1938, esto es, durante la estadía de César Moro en Lima luego de su estancia parisina y hasta su viaje a México. Hasta antes del primer regreso de Moro "Westphalen se situe dans la mouvance des jeunes poètes attirés par les prestiges de la poesía d'avant-garde -Martín Adán, Oquendo de Amat-, réunis autour d'Eguren comme autour d'`un vrai Dieu' comme le disait Rimbaud de Baudelaire..." (p. 133).

Aunque básicamente coincidimos con Lefort, queremos señalar dos pequeñas observaciones. Si bien César Moro llegó al Perú en diciembre de 1933 y el comienzo de su amistad con Westphalen se inicia a fines del año 34, sólo será a principios de 1935 cuando éste escriba (bajo la influencia de Moro) sus poemas "sociales" ["El sueño" y "Detrás del telón", incluidos en Cuál es la risa]. Por su parte, los poemas "eróticos" [incluidos también en Cuál es la risa] fueron escritos aproximadamente entre junio de 1935 y 1938. Por otro lado, si bien César Moro viaja a México en marzo de 1938, la publicación en diciembre de 1939 de El uso de la palabra muestra que la actividad surrealista de Westphalen continúa aún vigente. Por lo cual, situamos su período surrealista entre los años 1935-1939. A partir de esta última fecha da comienzo el silencio del poeta que se prolongará por espacio de treinta y dos años hasta 1972, cuando publique "Preámbulo a Revilla", primero de la serie de poemas de los años setenta y que, a nuestro entender, constituyen los prolegómenos al segundo Westphalen, cuyo libro inagural es Arriba bajo el cielo (Lisboa, 1982).

Como bien dice Lefort, la actividad conjunta desarrollada por Moro y Westphalen señalan la presencia del surrealismo en el Perú: "Ce type de manifestation marque combien Emilio Adolfo Westphalen se comporte comme un `vrai' surréaliste: sa contribution poétique au catalogue de la première exposition surréaliste au Pérou (1935), sa participation active au Boletín del Comité Amigo de los Defensores de la República Española (3 numéros en octobre et décembre 1936 et juillet 1937), sa participation à la polémique contre le chilien Vicente Huidobro (avec le tract Huidobro o el Obispo embotellado / Huidobro ou l'évêque mis en bouteille) et son rôle dans le lancement de la revue El uso de la palabra (L'usage de la parole) en décembre 1939, ses essais de poésie sociale et ses courtes pièces érotiques retrouvées récemment par André Coyné (Cuál es la risa. Barcelone, 1989) montrent clairement une filiation peut-être aussi forte qu'une affiliation"[12]

Los dos libros de Westphalen Las ínsulas extrañas y Abolición de la muerte, pues, no están directamente enmarcados dentro de la órbita surrealista, sino dentro del movimiento de la época, esto es, la corriente vanguardista[13]. En cambio, los poemas del Catálogo de la Exposición de mayo de 1935 y los poemas publicados por Coyné en 1989 y escritos, aproximadamente, entre 1935 y 1938 sí son de raigambre surrealista. Esta es la razón de la continua protesta de Westphalen y su no-aceptación del adjetivo mencionado. El criterio para que a alguien se le adjudique tal calificativo es, en su concepto, no solamente la producción de una obra -poética o de otra naturaleza artística- con determinadas características, sino, al mismo tiempo, una forma de vida. En el Perú, la única persona que cumplió con esos requisitos fue César Moro[14].

Las siguientes páginas están dedicadas a la lectura de los dos primeros libros de EAW. Hemos empleado una metodología preferente intertextual, en el sentido más restringido del término, esto es, la lectura de poemas y poemarios dentro de la obra de un mismo autor. En nuestro concepto cada texto establece relaciones de afinidad con los otros textos escritos en la misma época. Un poeta no escribe normalmente una composición aislada; escribe un conjunto de poemas, una serie. Por ello el poemario es la manifestación más patente del diálogo intertextual. Las ínsulas extrañas y Abolición de la muerte son expresiones de una misma visión del mundo, de un mismo espíritu, de una misma corriente de significación.

El presente trabajo incide preferentemente en este tipo de comentario. Se trata de una lectura temática, esto es, aquella que relaciona versos con un mismo o semejante referente. Por ello está concebido, en primer lugar, desde la perspectiva del análisis de textos. Pero, además, en un segundo estadio, se consideran los dos factores restantes del circuito literario: el autor y el lector. En relación al primero se han incluido al final del trabajo, como anexo, algunos datos concernientes a la biografía del poeta. En esta misma dirección, en la sección segunda se hace referencia al contexto específico en el que se publicaron los libros. La perspectiva del tercer componente del circuito literario, el lector (la crítica), ha sido incluida al citarse los comentarios de la recepción de los libros desde los años treinta hasta nuestros días.

El trabajo está organizado en dos secciones. En el primer capítulo de la primera sección desarrollamos los temas centrales de la poética westphaliana: el tiempo, la muerte y el amor. "La búsqueda de un inalcanzable que está siempre del otro lado, en la otra margen"[15], la presencia de la memoria y el recuerdo, constituyen los temas del capítulo segundo titulado "La poética de la idealidad". Los poemas analizados son de orden preferentemente dialógico, de allí que tengan como actantes a un y a un YO, y que dan título al tercer capítulo. En el cuarto y último, desarrollamos el tema "El erotismo velado", dado que es una de las cualidades más relevantes expresado de un modo simbólico; este título, además, opone a los poemas de Ínsulas y Abolición con el "erotismo explícito" de los poemas incluidos en Cuál es la risa[16].

La segunda sección está desarrollada en tres capítulos. En los dos primeros consideramos las ediciones príncipes, así como proponemos una interpretación genérica de los mismos. Finalmente, en el capítulo tercero señalamos y describimos brevemente algunos de los  recursos formales empleados por el poeta peruano.

El presente trabajo estudia una de las tendencias dominantes en la poesía peruana de los años treinta pero, al mismo tiempo, constituye el estudio de un hombre en su manera de pensar, en su propuesta de ofrecer una visión personal del mundo. Es una pequeña contribución no sólo al estudio de un poeta peruano del presente siglo, sino también, indirectamente, a la comprensión de un aspecto de la realidad peruana.

Posiblemente Westphalen no sea el más característico del hombre medio peruano -que vive en un país pluricultural y multilingüe-; tal vez la imagen más representativa se halle en Felipe Wamán Poma de Ayala, el Inca Garcilaso de la Vega, César Vallejo, José María Arguedas o José Carlos Mariátegui, que mostraron los diversos rostros del Perú, en algunos casos no sólo en la sangre, sino en la inclinación del temperamento e interés intelectual. Sin embargo, Westphalen, perteneciente por sangre y cultura al mundo occidental y europeo, es figura característica de uno de los dos aspectos constitutivos fundamentales en los que está inmersa nuestra patria y que indefectiblemente le afecta[17]. Pero, por encima de oposiciones entre Indigenismo y Occidentalismo y al margen de consideraciones de orden extratextual, Westphalen es ejemplo de creador comprometido con los fueros de la propia poesía. Artista de la palabra, del sueño y de la noche y, por ello, merecedor del respeto y admiración no sólo del Perú sino de todos los pueblos y gentes amantes de la inteligencia, la cultura y el arte.

Para finalizar, debo agradecer en primer lugar a Américo Ferrari, Édgar O'Hara, Roberto Paoli, James Higgins y Alonso Cueto, por sus magníficos artículos que han servido de pauta en la elaboración de este estudio. De modo especial a (+) Jesús Benítez Villalba, por su amistad y aliento continuo. A Ricardo Silva-Santisteban, por la lectura del borrador y sus sugerencias, así como por los materiales bibliográficos proporcionados. A Guillermo del Collado y Sandro Chiri, por los artículos sobre EAW publicados en México e Italia, respectivamente. A EAW, por su amistad amplia y generosa. A mi padre y hermanos, por el apoyo de siempre. Finalmente, al Fondo Editorial de la PUCP, por haber hecho posible la presente publicación.

 

Lima, abril de 1997


 

[1] "Para mí no hubo sino una reanudación necesaria - favorecida por circunstancias fortuitas. Levantóse una compuerta y quedó restablecida la corriente - agotada o embalsada". [En la "Advertencia del autor". Bajo zarpas de la quimera, Madrid, 1991, p. 15].

Édgar O'Hara señala: "La vuelta de Westphalen a la poesía como acto compartido tiene que ver, me parece, con un sentimiento de carnalidad que va de la persona a la palabra, y de ésta retornará siempre a su origen: el sueño." [En "Emilio Adolfo Westphalen: A merced de la noche". Plural Nº 248, Revista cultural de Excelsior. México, mayo de 1992].

[2] Véase la lista de estos poemas en la sección bibliográfica.

[3] En "Poetas en la Lima de los años treinta". Incluido en Otra imagen deleznable... México, FCE, 1980, p. 117.

[4] "Los poemas míos que aparecieron en el catálogo [de la exposición de mayo del 35] fueron casi los últimos que publiqué y casi también que escribí. Debo mencionar que había intentado, un poco antes, unos ensayos de lo que se llamaba poesía social. No tenían desde luego nada que ver con la poesía. Eran más bien discursos, relativamente elocuentes, acerca de cuestiones ya decididas programáticamente. (...) De esa época data también un grupo de cortos poemas eróticos. Un par intentó publicar en vano Coyné, años después, en una revista española de poesía. Los originales se han perdido." [En "Poetas en la Lima de los años treinta", op. cit. p. 118].

[5] En entrevista publicada el 25 de abril de 1982 en la edición dominical del diario El Observador [p. XVII] de la ciudad de Lima, aparte de expresar su negativa a la posible publicación de sus poemas "sociales" y "eróticos", Westphalen afirmó que había escrito "no más de media docena" de poemas "sociales". Si en Cuál es la risa se publicaron solamente dos de ellos ["El sueño" y "Detrás del telón"] y "(u)no o dos salieron en una pequeña revista de Iquique o Antofagasta", existe la posibilidad de que los poemas restantes se hallen en manos de alguna persona amiga o publicados en alguna revista de la época (no "en algún archivo policial" como irónicamente dice Westphalen):

"En algún momento de su texto "Poetas en la Lima de los años 30" usted recuerda que escribió poesía social que no se conserva. ¿Si la tuviera la publicaría?

No. Además salió en revistas que no tengo o que, creo, nadie ha conservado.

¿Tuvo usted ese `afán de redención' que provoca su admiración reticente por Vallejo?

Sí, toda poesía social tiene ese afán. Pero fueron muy pocos poemas, no escribí más de media docena [subrayado nuestro].

¿Y sus poemas eróticos? ¿Los ha conservado? ¿Los editaría?

No, porque esos poemas se los llevó la poesía cuando me tomaron preso, ¡a no ser que se conserven en algún oscuro archivo policial!".

 

En una entrevista concedida a Édgar O'Hara Westphalen afirmó haber escrito un poema en prosa que figuró como hoja aparte en la exposición del pintor portugués Mario Cesariny:  "... hace poco tiempo ocurrió algo parecido [al poema dedicado al pintor Carlos Revilla], esta vez con el pintor portugués Mario Cesariny, que es además poeta. Quería que escribiera sobre su pintura. Yo dudaba mucho, daba vueltas alrededor de eso. Y por fin cuando me puse a escribir lo que salió fue un breve poema en prosa... Y salió como una aparte del catálogo de la exposición. [En Testimonio. Lima, 2 de abril de 1982, p. 54].

Otro de los poemas no recopilados hasta la fecha en ninguno de sus libros es "El ara de piedra viva" publicado en Debate v. 8, Nº 41. Lima, noviembre de 1986, p. 53.

[6] Véase Jorge Schwartz, Las Vanguardias Latinoamericanas (Textos programáticos y críticos) (Madrid, Cátedra, 1993); Hugo Verani, Las Vanguardias literarias en Hispanoamérica (México, FCE, 1990). En el Perú todavía no contamos con una historia del Vanguardismo. Una visión genérica la proporciona Luis Monguió en La poesía post-modernista peruana (México, FCE, 1954). Esther Castañeda ha realizado un interesante estudio sobre una revista: El vanguardismo literario en el Perú (Estudio y selección de la revista Flechas) (Lima, Amaru editores, 1989).

[7] Haciendo alusión a unas palabras de César Moro con relación a José María Eguren ["... perdido en las gasas de una neblina constelada que llevara consigo de modo permanente y tan bien que jamás se lo perdonaron los críticos locales"] comenta Westphalen: "juicio este último que no ha perdido actualidad - todavía no lo quieren admitir - según lo demuestra una Antología reciente  donde Eguren es relegado a la cola del Modernismo - con taimadas motivaciones cronológicas desde luego - en lugar de situársele como el iniciador en el Perú de lo que entendemos por Poesía - en lugar de reconocerse que él trajo la Poesía y abrió a otros esa posibilidad". ["En 1922: César Moro...". Debate Nº 32. Lima, mayo de 1985, p. 57].

La Antología aludida por Westphalen, Poesía peruana: Antología General, confeccionada por Alejandro Romualdo (Tomo I: Poesía Aborigen y tradicional popular), Ricardo Silva-Santisteban (Tomo II: De la Conquista al Modernismo) y Ricardo González  Vigil (Tomo III: De Vallejo a nuestros días) [Lima, EDUBANCO, 1984], ubicó la poesía de Eguren (como, dicho sea de paso, también a Los heraldos negros de Vallejo) dentro de la etapa post-modernista, esto es, en el período que media entre 1911 y 1922, señalando, a la vez, su rol fundador dentro de la poesía peruana. Véase a este respecto, las siguientes palabras de Ricardo Silva-Santisteban en la nota que antecede a los poemas de Eguren: "(...) Con este extraordinario poeta empieza nuestra poesía contemporánea. La obra de Eguren es una apertura, no un ciclo que concluye." [Tomo II, p. 516].

Westphalen se ha referido a Eguren no sólo como "el iniciador en el Perú de lo que entendemos por Poesía" sino que ha reconocido su propia filiación egureniana: "(...) Si tengo un padre literario, ese es Eguren..." [En "Westphalen: al ritmo del silencio" (Entrevista de Edgar O'Hara). Testimonio Nº 7. Lima, 2 de abril de 1982, p. 53]. "Él estableció la poesía en el Perú. Antes de él no existía poesía; los que venimos después le debemos todo". ["Una trayectoria literaria". Entrevista con EAW de Federico de Cárdenas y Peter Elmore. El Observador, edición dominical. Lima, 25 de abril de 1982, p. XVII].

Es claro que Westphalen habla desde su propia opción creadora, para la cual el primer momento inicial en la poesía peruana fue, efectivamente, Eguren. Otras poéticas (de la Colonia, el S. XIX y el Modernismo previo a Eguren) le resultan desechables. [Véase a modo de ejemplo su "Nota sobre Chocano". Escritos varios. Lima, FCE, 1996, pp. (112)-115]

Cf. también la Introducción de Alberto Escobar a su Antología de la poesía peruana (Lima, Ed. Nuevo Mundo, 1965) y las líneas dedicadas por Julio Ortega a la relación de Moro y Westphalen con respecto a Eguren ["Moro, Westphalen y el surrealismo". En: Lo real maravilloso en Iberoamérica (Relaciones entre Literatura y Sociedad). Actas del Primer Simposium Internacional de Literatura Iberoamericana. Cáceres, Universidad de Extremadura, 1992, pp. 97-98].

[8]  Cf. VARIOS. Mariátegui y la literatura. Lima, ed. Amauta, 1980.

[9] Cuando se publicó Otra imagen deleznable... en 1980 la crítica destacó de la tercera sección, Belleza de una espada clavada en la lengua, los poemas publicados en los setenta, sin hacer mayor comentario sobre los poemas de los años treinta: "La sección final del presente libro reúne ese exiguo material disperso bajo un título que parece ser una alusión a esa casi total afonía poética: `Belleza de una espada clavada en la lengua'. Belleza del silencio: silencio de la belleza. Los poemas que extrae de esa aridez son como gotas celosamente guardadas del torrente poético que inundaba Abolición. No sorprende que entre ellos, especialmente los más recientes, la obsesión dominante sea la de la inutilidad de la poesía, al mismo tiempo que la de su inevitabilidad." [José Miguel Oviedo: "La vuelta de Westphalen". Escrito al margen. México, Premiá Editora, 1987, p. 260].

"Gran parte de lo que hemos dicho no rige para `Belleza de una espada clavada en la lengua'. En algunos de ellos la claridad de sus contenidos, en algunos casos explícitamente relacionados con el abandono de la literatura ("Poema inútil"), muestra abiertamente la actitud del poeta. Otras veces ("Preámbulo a Revilla") el hermetismo se expresa en frases inconexas, como imágenes sueltas, sin estar animadas por ese particular ritmo de continuidad que tenían en Las ínsulas extrañas o Abolición de la muerte. Siendo valiosos individualmente, los poemas de `Belleza de una espada clavada en la lengua' proceden de diversas etapas creadoras de Westphalen y no ofrecen demasiadas relaciones entre sí." [Alonso Cueto en "Westphalen: El laberinto del silencio". Hueso húmero Nº 7. Lima, octubre-diciembre de 1980, p. 129].

[10] "La primera exposición surrealista en América Latina". En Debate Nº 33. Lima, julio de 1985. p. 68.

[11] "E. A. Westphalen, surrèaliste àl'approche del'aube". En Avatares del surrealismo en el Perú y en América Latina, Lima, Institut FranÇais d'Etudes Andines-Pontificia Universidad Católica, 1992, pp. 131-145.

[12] Dice Rafael Vargas: "Desde luego, no deshonra a Westphalen ser llamado `surrealista', pero la afinidad espiritual que existe entre él y ese movimiento es solamente eso: una afinidad. Creo que Westphalen es, en realidad, un caso aparte". ["Leyendo la leyenda - Westphalen". Sábado, suplemento de unomásuno, Nº 460. México DF, 2 de agosto de 1986, p. 6].

[13] En las palabras preliminares a la edición española de su poesía, comentando el largo período de silencio y la diferencia de estilo existente en su poesía de los años treinta y la actual, dice Westphalen: "Por otra parte hay que reconocer que el lenguaje y los temas utilizados en poesía han cambiado considerablemente desde la insurgencia de las llamadas `vanguardias'. Y no sólo hay que tomar en cuenta la modificación de los criterios estéticos (y otros) - también el instrumento de captación sufre mengua o deterioro con el tiempo." [En "Advertencia del autor". Bajo zarpas de la quimera. Madrid, Alianza Tres, 1991, pp. 15-16].

[14] En carta enviada al diario "El Comercio", dice: "Estimados señores: Me he enterado que mi nombre figura entre los representantes del `Surrealismo peruano' en una serie de charlas anunciadas sobre el tema. Ello me sorprende pues repetidas veces he manifestado que mi inclusión dentro del Movimiento no obedece a criterios aceptables. Precisamente en el Suplemento Dominical de `El Comercio' ["Surrealismo a la distancia", 16 de mayo de 1982, p. 18], uno de sus redactores -Carlos Germán Belli- hizo publicar hace algún tiempo una nota mía -redactada por insistencia suya- en la que exponía mi posición al respecto.

No he negado nunca la influencia sufrida, pero eso no significa que yo sea uno de los representantes del Movimiento en el Perú. Aún más explícito he sido en el artículo recién publicado en Debate [Nº 33, julio de 1985] acerca de la `Primera exposición surrealista en América Latina'. Sostengo allí que, en el Perú, solamente César Moro ha tenido una trayectoria vital y una obra que justifica se le considere `surrealista'. (...)

Agradeciéndoles hacer pública esta protesta..." [Lima, sábado 17 de agosto de 1985, Sección C, p. 12]

[15] Roberto Paoli: "Westphalen o la desconfianza en la palabra". En Estudios sobre literatura peruana. Firenze, Stamperia editoriali Parenti, p. 101.

[16] "Cuál es la risa...", "Un hombre se inclina...", "Una representación hermosa...", "Se mece suavemente..." y "Poema".

[17] Alberto Escobar considera que tanto Westphalen como Moro (y Arguedas), a pesar de la distinta direccionalidad de sus obras, constituyen parte integrante del imaginario nacional. [Cf. El imaginario nacional.  Moro - Westphalen - Arguedas. Una formación Literaria. Lima, IEP. 1989]. No discutimos este planteamiento. Suscribimos también el concepto "En la patria universal de la poesía caben todas las lenguas" [p. 19]. Pero tomando en consideración un criterio de orden histórico, social y político no podemos dejar de señalar que lo primigenio y ancestral de la peruanidad se encuentra en el Ande. Tal vez, entonces, esa esencia o, mejor, conjunto de esencias, no se denomine peruana, sino chanka, wanka, inka, aymara etc.